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44 Desorden obsesivo-compulsivo

Haciendo mi reporte diario por teléfono durante una gira australiana, destaqué la alta calidad de los bares de strips que hay allí. Se había tornado en algo como una rutina – después de los conciertos en Perth, Adelaida, Melbourne, Sydney, Brisbane y muchas otras ciudades – ir a “ver el ballet” tal como esta actividad se ha hecho eufemísticamente conocida en nuestro círculo. Bien hecho Australia – y también Canadá – por mantener una perspectiva razonable en este mundo de los snobs.

De todas formas, el objetivo de esta historia no es admirar las virtudes del “ballet” sino repetir una parte de una conversión privada entre mí y la adorable B. Sin el menor gesto de intolerancia, ella me dio a entender que pensaba que mis ahora regulares visitas podrían ser interpretadas como el comienzo de una obsesión.

Para su tranquilidad, le expliqué que era sólo porque mi vista estaba empezando a fallar – uso gafas de lectura – que estaba aprovechando cada oportunidad para ver buenos traseros como me fuese posible antes de quedarme ciego.


© Ian Gillan 2006

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